viernes, julio 03, 2009

La Lucha Interior

Se cuenta de un viejo anacoreta o ermitaño, es decir, una de esas personas que se refugian en la soledad del desierto, del bosque o las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.
Se quejaba a menudo que tenía demasiado quehacer. La gente le preguntó cómo era eso de que en la soledad estuviera con tanto trabajo. Entonces les contestó:
'Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león'.
No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales? Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron.
Porque estos animales los tienen todos los hombres, ustedes y yo también. Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.
Tengo que domarlos para que sólo se lanzan sobre una presa buena, son mis OJOS Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.
Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir, son mis dos manos. Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las cosas difíciles.
Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta… Son mis dos pies.
Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño, es mi lengua.
El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber. Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día, es mi cuerpo. Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso... es mi corazón.
Reflexión

El Ser humano por naturaleza contiene dentro de si cada una de las cualidades de los animales, no sólo en relación a sus instintos y capacidades como lo son: La destreza, la agilidad, la fuerza, la coordinación, sus capacidades sensoriales, el instinto de conservación, dominación, reproducción e incluso su instinto de agresividad para atacar; y lo que lo diferencia de estos, es que el ser humano es el único ser que posee conciencia, y por ello, es el único animal sobre la tierra que tiene plena conciencia de que va a morir. Será cierto que el animal se rige y sobrevive gracias a sus instintos y el ser humano muere por su pensamiento? A que nos lleva esto? Que nos diferenciamos de los animales por el simple hecho de que el ser humano se rige por la voluntad, mientras que el animal por el instinto? Poseemos sin embargo nuestras facultades: Instintivas, Afectivas e Intelectuales, que hacer con ellas para lograr aspirar a lograr el control y el dominio de nosotros mismos?. Cómo lograr esto, si en lugar de desarrollar nuestras facultades mediante un pensamiento razonado e inteligente a cada acción que realizamos en nuestra vida cotidiana, nos dejamos regir por nuestros instintos impulsivos y viscerales?.

En ocasiones somos como dos halcones que en su instinto se lanzan sobre la presa, sin medir las consecuencias, prejuzgando sin antes conocer a fondo a las personas y en ese impulso sólo etiquetamos y clasificamos por la apariencia física, por la forma de vestir, o las posesiones materiales analizando sólo superficialmente y en ese error al no conocer el lado humano: las cualidades y sus sentimientos, corremos el gran riesgo de equivocarnos en nuestra elección y sufrir decepciones. O actuamos como dos Águilas: que con nuestras garras herimos y destrozamos la dignidad de las personas por nuestra falta de tacto y cordialidad, seguimos prensando y oprimiendo hasta asfixiar su confianza y herir los sentimientos. O como dos conejos que huyen de las personas, sin un rumbo aparente tomando caminos errados, esquivando los problemas y obstáculos que se le presentan, con un espíritu huidizo. O actuamos como la serpiente, cargados de envidia y resentimiento, estamos listos para morder y envenenar cuando nos sentimos amenazados e inferiores a una persona, haciendo daño por donde transitamos, hablando mal de todos y arrastrándonos permanentemente al no poseer dignidad propia. O como el Burro: pasivos e indiferentes a nuestro entorno y débiles sin energía para continuar el camino sin detenernos, a veces muy obstinados y necios ante cualquier discusión que no nos favorece, llevando sobre nuestro lomo cargas morales y pesimistas. O como el León: la soberbia y el poder material, queremos siempre ser los primeros sin compartir los triunfos, nos invade a veces la vanidad y el orgullo, terminando en la mayoría de las veces solos y abandonados.

Si ya poseemos de antemano estas Facultades Instintivas propia de los animales, podemos canalizarlas y potencializarlas en nuestro beneficio, actuando positivamente encauzándolas mediante nuestras Facultades Intelectuales: el pensamiento racional y la Inteligencia; antes de realizar una acción, es importante valorar los pros y contras a fin de obtener mejores resultados, siempre con un sentimiento de optimismo y alegría, dando lo mejor de nosotros a quienes nos rodean, anteponiendo el sentido humanitario al ego, si nuestros ojos son la ventana del alma, demos lo mejor de nuestro ser aceptando a nuestro semejante sin discriminación alguna, percibiendo y valorando sus cualidades antes que sus debilidades o defectos, podemos ser diferentes exteriormente, pero interiormente todos poseemos las mismas características y la oportunidad para desarrollarnos plenamente, ahí entran en juego nuestras Facultades Afectivas. Ofrecer nuestras manos sin desgarrar la dignidad ajena, entregando nuestro apoyo incondicional sin pedir o esperar algo a cambio, levantando al caído moralmente, abrazando con cordialidad y cariño a quién lo necesite. Andar en la vida con un rumbo fijo, con un paso seguro, claro, sin prisas y sin necesidad de huir de las personas o evadirlas, saber enfrentarnos a los problemas y convivir seguros de nosotros mismos, orgullosos de quienes somos, sin temor de ser rechazados. Dejar a un lado las envidias, no desear lo que no pertenece, mejor es trabajar para obtenerlo a base de esfuerzo propio, ser sutiles al hablar, sin insultos, pretensiones, dobles intenciones o doble moral, que emerja de nuestra boca sabiduría y condescendencia, no palabras envenenadas orientadas a herir. Ser conciliadores y no obstinados, cumpliendo cabalmente con nuestra misión personal, hacer a un lado el cansancio mental, siempre llenarnos de energía positiva aún cuando el cuerpo nos doblegue, para deshacernos de las pesadas cargas que obstaculizan nuestra evolución y aspiración, sentirnos libres espiritualmente, y ligeros para seguir andando sin descanso hasta lograr nuestras metas. Aspirar siempre a ser los primeros, el rey que gobierna su entorno, ser líderes pero no compitiendo con lo externo, con las personas; nuestro adversario más formidable e incluso el peor enemigo: somos nosotros mismos; para lograr el liderazgo y control de nuestras emociones es trabajar sin descanso en el conocimiento de nosotros mismos, de nuestras potencialidades y habilidades innatas, porque ahí se encuentra el verdadero desafío, la competencia más importante, en el dominio de nuestras facultades; educando y controlando nuestros cinco sentidos para ascender hasta el plano mental, desarrollando la intuición, donde comienza la verdadera trascendencia del ser humano: la libertad de conciencia y la libertad de elegir como mejor nos plazca la vida que anhelamos, libres de ataduras y libres de prejuicios.

'Cómo luchemos y al empeño que pongamos, dominaremos y explotaremos lo mejor que hay en nuestro interior, para aspirar a ser personas, libres plenas y de bien'.