viernes, julio 03, 2009

Sabiduría Indígena

Un viejo cacique de una tribu charlaba con sus nietos acerca de la vida. Él les dijo:

¡Una gran pelea está ocurriendo dentro de mí!... ¡Es entre dos lobos! Uno de los lobos es maldad, temor, ira, envidia, orgullo, arrogancia, dolor, rencor, avaricia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, egolatría, competencia, superioridad.

El otro es Bondad, Alegría, Paz, Amor, Esperanza, Serenidad, Humildad, Dulzura, Amistad, Generosidad, Benevolencia, Empatía, Verdad, Compasión y Fe. Esta misma pelea está ocurriendo dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra.

Lo pensaron por un minuto y uno de los niños le preguntó a su abuelo:

- ¿Y cuál de los lobos crees que ganará?

El viejo cacique respondió, simplemente...

- El que alimentes.


Reflexión:

Nuestros aspectos internos encierran todo un misterio digno de entregarle una atención muy especial, ya que estas sensaciones y emociones que emergen dentro de nosotros nos dan la pauta nuestro desarrollo y evolución individual para el diario vivir, un lugar recóndito y poco conocido, cuya franja de sensaciones y emociones muchas de las veces hacen presa de nuestras acciones y reacciones ante situaciones diversas en la cotidianeidad, que en ocasiones nos auxilian para salir airosos en situaciones adversas y comprometedoras y en otras, nos precipitan a cometer una serie de errores que nos impulsan a sumergirnos en la desesperación y la intolerancia.

Cada ser humano se encuentra regido por esta aparente polaridad de fuerzas, en cada uno de nosotros existen virtudes y las llamadas no virtudes, cuando la palabra virtud en su significado esencial es la expresión plena de una ¨habilidad¨ muy particular propia en cada ser humano en mayor medida heredada de origen, la cuál se potencializa a medida en que ésta se expresa y manifiesta, desarrollando en el individuo una plena sensación de libertad y autoafirmación; y la susodicha definida no virtud, que algunos doctos en la literatura la definen como ¨defecto¨ o ¨incapacidad¨ para desarrollar y aplicar determinada habilidad innata o adquirida, y que al hacerle patente determinada ¨carencia¨ en el individuo, le desarrolla un sentimiento de culpa e inseguridad que trastoca su autoestima.

Es indudable que cada uno de nosotros poseemos todas las llamadas virtudes que nos dotó la naturaleza, el Ser Supremo, el Creador, Dios, etc, y que es una composición y conjunción de las virtudes y facultades que nuestros padres nos heredaron. Somos sin duda el producto del Amor, de la unión de dos seres que en su manifestación espiritual y emocional, nos engendraron a través de la manifestación carnal. Mezclando sus caracteres e información genética particular, para crear un ser que es la unidad producto de la unión de la dualidad hombre-mujer. Si en algunas ciencias herméticas definen al Uno o la Unidad como el Todo o Dios. Esto lleva a la conclusión que el hijo es la manifestación de Dios, y en esa manifestación ya lleva dentro de sí esa dualidad permanente, esa aparente polaridad de fuerzas, conocida por los orientales como el Yin y el Yang, lo masculino y lo femenino, lo positivo y negativo, lo blanco y lo negro, lo bueno y lo malo.

Estas aparentes y contradictorias polaridades, más que desequilibrar al ser humano en su desarrollo y evolución, respetando la opinión particular, es hallar el equilibrio. Por un lado, es reconocible que ya poseemos estas dos polaridades, estas dos formas de ser y expresarse, ya por natura nos rige una u otra en determinadas situaciones de la vida, una a veces se manifiesta en mayor grado que otra; en una, más que en otra nos sentiremos más identificados; se dice que para que el ser humano logre el equilibrio, debe navegar por ambos ríos, para así lograr alcanzar conocimiento, experiencia., crecimiento y por ende aspirar a la sabiduría, es decir, saber, cuáles son nuestros aparentes límites; aparentes por que en la medida en que liberemos nuestro pensamiento aquellos llamados límites se transforman en un simple estado mental ante lo no experimentado o definido como desconocido, y por tanto, el límite es el alcance del conocimiento, no necesariamente el cultural, sino el auto-conocimiento de nuestras propias capacidades y potencialidades, en la medida en que desdoblemos nuestra personalidad, en que nos independicemos cada vez mas de nuestro ego, que es la proyección de nuestra mente hacia el exterior, para llegar a nuestra individualidad que es nuestra esencia la que no necesita de la mente para manifestarse, porque ya la llevamos por naturaleza, conocido como el Yo real o interno. En ese autoconocimiento reconoceremos la esencia de estas dos polaridades y en esa medida las podremos aceptar como parte inseparable de nuestro ser,

En la sociedad nos han acostumbrado dependiendo de las vivencias propias de cada uno de nosotros que lo exclusivamente bueno es lo mejor, y que lo malo es lo peor; y en este pensamiento quizás inducido o condicionado; lo bueno lo arropamos y conservamos como lo único y verdaderamente valioso, y mientras que lo malo debe ser automáticamente rechazado u olvidado. Cabe hacerse una pregunta: será que en realidad solamente lo bueno genera conocimiento?, Si volteamos hacia lo que consideramos malo en nuestras experiencias desagradables y dolorosas, también esto llevará algún conocimiento o mensaje que nos sirva para madurar?. Es cierto que en algunos de nosotros lo malo genera ciertas cicatrices o traumas difíciles de olvidar y que el echo de evocarlas nos genera dolor y remordimiento, siendo nuestro primer impulso ante la mínima evidencia de este tipo de recuerdo personal, el evadirlo u olvidarlo a toda costa. Incluso esto me lleva a cuestionarme: desde que momento lo considero malo, negativo; o cuando soy considerado orgulloso, vanidoso, temeroso, iracundo, y que me lleva a experimentar dolor, temor, incertidumbre, resentimiento e inferioridad?, y desde que momento lo considero bueno, positivo o cuando soy considerado bondadoso, benevolente, compasivo, tolerante y que me lleva a experimentar alegría, furor, esperanza y seguridad?. Nuevamente será acaso producto de mi estado mental o de mi moral inculcada o de mi ética, para establecer los límites entre lo uno y lo otro?. En que momento ya puedo establecer con claridad que ya llegué al límite de uno o que ya rebase el principio del otro?, acaso será mi conciencia?, ese juez interno que me dicta las reglas a seguir entre mi libre albedrío y las reglas establecidas por la sociedad!. Es cierto que ciertas acciones que cometemos día tras día conllevan ya una reacción con consecuencias que nos provocan ciertos estados de ánimos que trastocan nuestra conciencia!.

Considero que el ser humano lucha constantemente a favor o en contra de estos dos ¨lobos¨, sin embargo tan plena es nuestra libertad como ser humano que nos pertenece por derecho de creación y manifestación de vida, que desarrollamos en nuestras vivencias ese regulador interno que nos define el alcance de esos límites o de esa bipolaridad, y que en esa balanza que vamos desarrollando en base a experiencia y sabiduría, es como defendemos como verdaderos ¨lobos¨ nuestra propia verdad, aún ante las constantes críticas, envidias e inducciones en que somos objeto y que amenazan con imponernos o condicionarnos una forma de ser que difiere de nuestra individualidad; y que en ese punto de partida comienza esa lucha interna que nos desarrolla culpa, remordimiento o temor ante determinada acción.

Cada uno de nosotros poseemos esa inteligencia innata para lograr equilibrar esas fuerzas ambivalentes que constantemente nos generan todo tipo de sensaciones y emociones. Bien dicen que para conocer lo bueno, la vida nos muestra el lado opuesto definido como malo, y que sin embargo son simples niveles de una misma línea en mayor o menor grado, no separados o diferentes entre sí, ni mucho menos paralelos, son parte integral de una misma acción, es como el frío que es la ausencia del calor, por lo cuál es el mismo concepto pero en un diferente nivel; así en nuestra esencia, lo malo es la ausencia de lo bueno, lo negativo es la ausencia de lo positivo, lo cuál, los interrelaciona entre sí. Y que ambas fuerzas no son separadas del ser humano sino parte integral de él, y con ambas debe luchar para reconciliarlas entre sí y así aspirar a lograr el equilibrio, cuyo equilibrio es reconocer que tanto una como otra fuerza siempre estarán presentes a lo largo de nuestra vida, y en esa dualidad, alimentar aquella que proporcione no sólo beneficio propio, sino beneficio a los demás, por que el verdadero límite en un aspecto personal, se encuentra cuando comienza la libertad de nuestro prójimo. Y en ese estado de conciencia ser sabedores que las experiencias que se encuentran en la escala opuesta de lo agradable y afortunado al ser parte de lo mismo, sin duda arrojará un importante y valioso conocimiento para aquilatar que lo que consideramos como bueno, positivo y honesto es el mejor aliciente para obtener una verdadera evolución y equilibrio interno. Todo depende por supuesto de cuál lobo alimentemos, el que nos haga evolucionar o involucionar!. La libertad y la decisión depende exclusivamente de nuestra conciencia para aspirar a encumbrarnos hacia nuestras virtudes!

El saber si nuestro actuar es coherente y que estamos en la senda de lo constructivo, es menester estar conscientes que cuando actuamos en base a nuestro ego el cuál se desarrolla en base a la personalidad a través de nuestros pensamientos, estos pueden ser inducidos, influenciados o encuadrados en los preceptos sociales, los cuáles pueden no estar acorde con nuestras expectativas internas, con la posibilidad de cometer acciones que pudieran ser perjudiciales no sólo para nuestra evolución, sino perjudicial para nuestro entorno, sea éste familiar, social, o laboral. Y si en cambio nos atrevemos a actuar con lo que dicta nuestro interior el cuál se encuentra bajo el velo del ego y la personalidad, nuestras acciones se orientaran si así lo deseamos hacia una vida verdaderamente constructiva y honesta, con grandes recompensas a nivel personal y espiritual, beneficiando incluso a nuestro entorno. Todo esto dependerá en gran medida de nuestras expectativas a nivel personal y del grado de apertura mental para permitir la entrada a todo el conocimiento que la vida nos entrega a cada momento. Y lograr en la medida de nuestras posibilidades el equilibrio entre estas dos grandes fuerzas que nos rigen!.